Cuba
Exactamente siete días me tomó poder
colgar las fotos de Cuba en el Facebook. Siete días comenzar a garabatear estas
líneas que aún no sé si tendré la habilidad de terminar, menos aún compartir.
Siete días y un viaje al norte de Britania, esta mítica tierra que al parecer,
por aquello de las islas, estará siempre conectada a mis episodios cubanos. Y
lo digo porque desde aquí escribí hace un par de años una enorme defensa para
los blogueros del exilio y Yoani Sánchez, mientras mi madre agonizaba en West
New York con un brazo partido en dos enormes pedazos. Dos pedazos de un brazo
materno que de algún modo siguen antojándose simbólicos frente a la realidad de
la familia cubana de los últimos cincuenta y tres años y medio.
Siete días, decenas de llamadas telefónicas,
el llanto de un río y un viaje a la canícula invernal para poder comenzar a
aliviar este dolor punzante, este regreso imposible al único país en donde soy
y siento en primera persona y en donde, a la vez, todo me resulta ajeno.
Cuba. Seis años y cuatro meses después.
Matanzas. La Habana. Varadero. Colón. Cabaiguán. Ceiba Mocha. Cárdenas. Cuba.
Madre, abuela, tías, tíos, primos, amigos, muertos. Cuba. Las cenizas de mi
abuelo que allí llevo. Cuba.
Y yo. Volviendo. Y yo. Sin haberme ido
jamás. Y yo. Familiar y extranjera.
No puedo hablar de lo que vi. Que fue todo
lo soñado. Que superó para bien y para un mal devastador, esos mismos sueños.
No puedo hablar de quienes vi. Todos intactos en su fe del día que vendrá.
Todos escribiendo, pintando, componiendo, actuando, diseñando, cantando,
sobreviviendo en la belleza de un arte favorecido por una enorme cantidad de
tiempo que sigue transcurriendo con la lentitud enorme del vacío. Vacío llenado
con arte, pero vacío al fin. Tiempo es
arte hace siglos para ellos. Todos resignados, en fin, a nuestro
auto-emplazamiento en los márgenes de la historia. Todos sobreviviendo con
(desde) un arte delirante, múltiple en sus formas. Recorridos imaginarios que
van del óleo a la cocina.
Cuba. Mi imaginado país. El único país
para morir. El único país adonde regresar para sentirme entera, innecesaria de
explicaciones, decodificaciones, traducciones. El único país en donde vivir me
resulta imposible.
¿Quién ganó en esta guerra sin guerra? Me
pregunto cuando ya regresando no puedo despegar mi nariz de la ventanilla y voy
llorando intensamente. Intenso con espasmos. Por todo lo que ahí dejo, perdido
para siempre.
¿Quién ganó? Le pregunto a esos muertos
que diviso desde mi altura de avión y que sé me escuchan desde el estómago
devorador de los tiburones del Estrecho. ¿Ganamos los idos? ¿Los de la casa de
verano en Miami, los Catskills o la Riviera francesa? ¿O fue acaso el
miliciano, presidente de los CDR a quien le dieron teléfono, tele a color y
viajes a la playa a cambio de su lealtad y servicios? ¿Ganó Celia con sus
millones, su éxito japonés, su enorme piso de luz en Fort Lee, su fama
merecida? ¿O fue acaso esa larga lista
de escritores que van de fin de semana a Venezuela para celebrar los cumpleaños
de Abel Prieto o Hugo Chávez, leyendo algunos poemas de su propia inspiración,
con acceso a una cuenta de email, viviendo sin la agonía de una (o varias)
hipoteca a cuestas o la responsabilidad de financiar la leche, los huevos y los
jabones de sus padres, hijos o hermanos? ¿Ganaron los Estefan con el control
del mercado de la música latina y tantos bienes raíces que sólo su contador
podrá numerar? ¿O fue que ganó la vecina que sin nunca abandonar los predios de
su sala, despotrica de las jineteras del barrio mientras su hermana desde la
factoría en Hialeah la sueña pobre e infeliz y apoya con su fiel remesa el
control que ejerce sobre la cuadra, sobre la nada? ¿O es que fue la academia
norteamericana repleta de cubanólogos, muy expertos todos, muy seria y bien
pagada gente redibujando a ese país de modo obsesivo, impenitente? ¿Ganó Maya
que no puede escuchar en el más exquisito restaurant cubano de Manhattan la
“Bella cubana” de White sin temblar como una hoja? ¿O en realidad fue su primo,
historiador de españoles en la isla, hombre viajado y de prestigio quien se
siente absolutamente desapareado, perdido porque casi todo lo que ama está
lejos de Cuba o muerto? ¿Quién ganó en esta guerra sin guerra me pregunto
mientras fragmentada en mil pedazos agonizo en ese azul radiante que veo desde
el aire, un azul de menos de 30 minutos de vuelo donde han quedado tantos
muertos muertos, tantos vivos muertos, tantos muertos vivos?
Más allá de la obvia respuesta, aquella
que ratifica que los únicos posibles ganadores no son otros que los administradores
del feudo, esos brillantes ideólogos de este plan macabro, yo no veo, no puedo ver nada más. Yo diviso,
siento, palpo, huelo, disuelvo en mis entrañas pérdida, dolor, resistencia,
miedo, cobardía, concesión de nuestro terreno (entiéndase proyecto de país) a los mismos que odiamos.
¿En qué momento permitimos que se nos
dividiera de este modo? Se asoma esta como otra de las obsesivas preguntas que
lanzan las olas del Estrecho sobre mí. ¿Comenzó todo con los españoles, la “Conspiración
de la escalera”, la supuesta traición de
Zenea, los clubs de tabaqueros en Tampa
y Key West financiando la utopía martiana mientras Maceo y Gómez desafiaban y
enredaban al pequeño hombrecito de negro en una aventura bélica que, obvio
resultaba, él no sobreviviría? ¿Cuántos de nosotros somos quienes enredan y
malmeten en esta contienda? ¿Cuántos los que nos entregamos a la fe en esos que
están poniendo su sangre, pan y verbo para terminar esta pesadilla? ¿Quiénes
estamos dispuestos a parar este juego de una vez? ¿Será que un día podremos
ponernos de acuerdo y muy “indignados” (tal y como estamos) a la usanza de las juventudes del primer
mundo, ir a ocupar no las viejas casas o propiedades en ruinas, sino las calles
de todas las ciudades y pueblos de aquella isla nuestra y reclamarla (junto a
quienes allí permanecen) de regreso? ¿Será que algún día convendremos en que el
embargo es una obsoleta aberración imperialista
y efectivamente injerencista que facilita el juego de los dueños de la
finca? ¿Qué nos impide juntar fuerzas de una vez?
¿Quién ganó en esta guerra sin guerra? Me
pregunto mientras otro avión me lleva de regreso a una tierra en donde me sé
para siempre perdedora, traducida, pobre… no importa cuánto el decorado de mi
exterior insista en lo contrario.
Precioso recuento Mabel. Te mando un abrazo gigantesco y te admiro mucho....mucho, Besitos, Manny
ReplyDeletemi lindo manny, ahi vamos... abrazandonos en el desamparo... gracias por estar...
DeleteNo te conozco y te siento tan cerca!!!Por eso que escribiste,que sientes...así mismo lo sentí cuando regresaba en el 2008 y que sabía que sería la última vez mientras los ganadores(futuros perdedores?) siguieran ocupándole terreno a la ignorancia controlada de nuestra islita...triste...Te felicito!
ReplyDeletegracias, cuetista...
DeleteDesgarrador. Tan cercanas, además, tus palabras, tan mías. En esta guerra sin guerra hemos perdido y seguimos perdiendo todos. Un abrazo grande, chiquilla.
ReplyDeleteotro para ti...cuba sovietica, quien quiera que seas...
Delete¡Qué te puedo decir!... Nada de lo que pueda decirte cabe en este cuadrito blanco. Entonces, te abrazo, sólo eso.
ReplyDeletegracias, mi niña... si hasta eso se le quita a una, las ganas de emborronar cuartillas...
Deletete abrazo
Mabel, luego de casi dos horas de conversación, con millas de distancia pero cobijada por tus palabras, tus historias, llantos y risas, reflexiones y cotilleos, te enumero mis conclusiones, harto sabidas, otro lugar común:
ReplyDeleteEn esta guerra perdemos todos, los que están escribiendo, pintando, componiendo, actuando, diseñando, cantando mientras acunan a madre, abuela, tías, tíos, primos, amigos, muertos. Pierde Cuba, las cenizas que vuelven, las cenizas que no volvieron y las que se quedaron para siempre en la isla prisión, pierden los resignados, los sobrevivientes, los de las casas de verano, los que nunca han tenido vacaciones, el miliciano, el presidente de los CDR, Celia, los que celebran cumpleaños ajenos con poemas propios y pagan por ello, los Estefan, los de las hipotecas y los que hipotecan su vida para financiar la leche, los huevos y los jabones de sus padres, hijos o hermanos, la vecina que despotrica de las jineteras del barrio y las jineteras de todos los barrios, las hermanas de las factorías, desveladas y fieles, los cubanólogos, Maya, su primo historiador, los administradores del feudo, la cobardía, los que permitimos que nos dividieran, Zenea, Maceo, Gómez y el pequeño e iluso hombrecito de negro que no pudo sobrevivir a su contienda, los que enredan, los que malmeten, los que se entregan a la fe, los indignados.
Perdemos tú y yo, siempre perdemos, yo no tengo país al que regresar y tú no tienes país del que despedirte.
Un abrazo hermana.
gracias, gise... tan débil como ando, ni puedo responderte... quiero decir, la respuesta que mereces... te abrazo largo, muy largo...
DeleteSí y No, Mabe...
ReplyDeleteSí con mucho de lo que respondes (aunque pretendas que preguntas) ¡con casi todo!
y No con ese desliz emocional que te impide reconocerte vencedora y poner en su justo sitio a ese país que hoy-ahora te acoge y te da lo que el tuyo te ha negado y te niega desde que naciste, ese país que te da cobijo y te permite ser la Mabel que yo soñé y sabía y quiero, ese país que nada te debe y sin embargo tanto te ofrece Doctora Artista Mujer Humano...
Y en esta guerra, te aseguro, gano yo... gano un montón de experiencias y Hombres y sueños que no caben en recuento alguno... y de las que apunto al menos una cosa: gano esas respuestas-preguntas tuyas, ese texto desesperado y hermoso, esas fotos de Entre El Palenque y El Pan que te has traído...
Apunta en una libreta de notas las cosas que ganas, que has ganado... Maya, apunta. Y que también apunte Maya,..
La Vida es lo conquistado no lo perdido, Vida es suma no resta, es ganancias no pérdidas, es riqueza no pobreza... Tú-Yo tengotenemoshemos tenido dos Vidas, ¿dónde anotar tanta ganancia, por dónde comenzar?
Ya sabes que puedo estar escribiendo 10 años sólo para anotar las cosas ganadas, sólo para indicar quién ha ganado...
Y, Mabe-Gisela, país es ese sitio donde uno es feliz, donde están los que uno quiere, dónde la familia, los amigos, los afectos, los proyectos, sueños, metas, futuro... Yo puedo asegurar que ambas son felices, al menos todo lo felices que son capaces de ofrecérse a sí mismas...
La patria no son las palmas ni los recuerdos ni el calor las playas... porque entonces ¿son también patria los CDR los MININT el silencio la angustia la alas cortadas la cabeza gacha los pasos cortos la hipocresía la mentira en nuestras bocas tanto como en nuestras espaldas...?
¿Regresar? ¿Cómo que no tienen adonde regresar? ¿Y yo, y a mí no quieren regresar cada vez cada día... no es un regreso vover a mí y a cada uno de quienes aman, saber que estamos bien cada día y cerca y “cuándo nos vemos” “por qué no me llamas” “ahora te envío algo”?
¿Regresar? ¿a Cuba? Cuba no eso que nos imaginamos, que siempre nos hemos imaginado. Cuba es otra REALIDAD, la realidad que es. ¿Eso es lo que añoran? Ni con una máquina del tiempo tendrán esa Cuba que creen haber perdido, porque esa Cuba nunca existió.
Apunten cuánta Cuba de la que abandonaron queda en Cuba, cuántos amigos, cuánto futuro...
- ¿De dónde eres?
- Soy un Hombre
Las quiero.
eso rube, sí y no... porque yo no reniego de mi vida, ni de los éxitos de nuestra diáspora en todas partes, ni he desentendido que la patria (la matria, en mi caso) están allí donde nos amen y podamos trabajar... pero nada de eso despeja la enorme sensación de pérdida... todo eso pudo pasar allí, entre el palenque y el pan... ni gise ni yo añoramos el país que dejamos, sino el país potencial, el que sabemos que podría ser...
ReplyDeletete quiero largo y tendido...
Sueños y pesadillas... larga historia... Un fuerte abrazo.
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ReplyDeleteGracias Mabe. Yo también lloré a moco tendido en el avión de regreso la primera vez que visité Cuba, 4 años y medio después de haberme ido. Entonces me hice las mismas preguntas que tú tan bien expresas aquí, mientras llovía a cántaros a un lado y al otro (yo) de la ventanilla del avión. Comparto los Si y los No. Qué insistente dualidad.
ReplyDeleteAdmiro a los que "están poniendo su sangre, pan y verbo para terminar esta pesadilla".
Sí Rubén, pero hay otras Mabeles atrapadas en ese país y que se han perdido para siempre.
Te abrazo, J.
gracias a ti, J. no sé quien eres (por lo de J. digo) pero te agradezco tu abrazo y tu mirada...
Delete...como siempre firmo mis emailes con la J... pensé que sabías: Judith Rodés.
Deleteay, judy, fue lo que pense, pero tengo otros amigos con esa letra por inicial... te abrazo
DeleteMuy bello, Mabel.
ReplyDeleteOsva
Gracias, niño hermoso
DeleteRespuesta a Mabel Cuesta
ReplyDeleteSomos vasallos todos, los de aquí y los de allá.
Somos ciervos de nuestro karma colectivo, quizá
o tal vez sea el precio a pagar por una bella leyenda,
la que ambas reclamamos como nuestra
No nos libra nada de esta infernal contienda.
Cargamos la cruz de la hermosura tangible e infinita
de aquel palmo de tierra en medio de El Caribe,
del tramo del planeta que Martí soñó libre
Es la perenne imposibilidad de nuestra libertad lo que nos une,
es nuestra añoranza comunal lo que nos lleva
a este continuo sollozar que arrastramos
desde tiempos registrados, desde que somos isla
Te preguntas cuándo comenzó todo
y el por qué de la guerra no declarada.
Nunca hemos sido libres, te respondo.
No lo ha logrado nadie…ni nada
Ni nuestro principio indígena, ni críos de españoles
y mucho menos los negros…
hemos sido bravos y cobardes
lucha y abandono, empuje y pereza
Desde siempre hemos garabateado
abandonos, dolor, sugerencias -con la pluma o los dedos-
Los de aquí lloramos nuestro embustero exilio de maneras diversas
los de allá también lloran, por sabidas carencias
¿Pobreza? Más que nunca la siento,
a pesar de los varios ceros del sueldo familiar combinado
a pesar de las casas y los autos, de frecuentes paseos y de tiendas
de sueños aparentemente inalcanzables que resultan pesados
Pobre tú. Pobre yo. Pobres todos.
Nos falta lo esencial, lo más preciado.
Hacer frente al guerrear solapado planteo como inicio.
Como tú, morir en el caimán es mi mayor anhelo.